
Los ojos me duelen.
Son las cuatro de la madrugada y soy incapaz de dejarlo.
Sé que mañana me espera un largo día, pero soy incapaz de dejarlo.
Palabra tras palabra, página tras página se va apoderando de mi conciencia, de mi voluntad, y me hace suyo.
Su rápida lectura me ata lentamente a su alma,
a una historia ajena que se enreda en mi mente apretando sus firmes,
aunque transparentes cuerdas.
El viejo y cansado reloj de pared hace sonar cinco campanadas,
que oigo a lo lejos y sigo leyendo.
Seis campanadas suenan ahora y el pitido de un despertador me sobresalta.
No. No puedo dejarlo ahora, digo en voz alta mientras apago el mordaz alertador y sigo leyendo. El mundo continuará su frenética carrera hoy sin mí, pienso y sigo leyendo.
Lo hallaron con una sonrisa en los labios y un libro entre las manos, como único compañero.
Son las cuatro de la madrugada y soy incapaz de dejarlo.
Sé que mañana me espera un largo día, pero soy incapaz de dejarlo.
Palabra tras palabra, página tras página se va apoderando de mi conciencia, de mi voluntad, y me hace suyo.
Su rápida lectura me ata lentamente a su alma,
a una historia ajena que se enreda en mi mente apretando sus firmes,
aunque transparentes cuerdas.
El viejo y cansado reloj de pared hace sonar cinco campanadas,
que oigo a lo lejos y sigo leyendo.
Seis campanadas suenan ahora y el pitido de un despertador me sobresalta.
No. No puedo dejarlo ahora, digo en voz alta mientras apago el mordaz alertador y sigo leyendo. El mundo continuará su frenética carrera hoy sin mí, pienso y sigo leyendo.
Lo hallaron con una sonrisa en los labios y un libro entre las manos, como único compañero.
